
Por Luis Fernando Guerrero
Como juegos de seducción perpetrados en una zona de promesas, ellos se reúnen en una primavera cero, sonarán de nuevo como un disco eterno tocado en el sétimo día y su canción animal sonara a un millón de años luz de casa.
Hay promesas que se hacen como una esperanza legitima de redención, a veces estas simplemente responden a tibias esperanzas que contrastadas con una realidad latente llegan a ser nada mas que manotazos de ahogado; están también las que parten de una convicción tan firme como un muro de concreto, otras que se hacen solo para enaltecerse, sabiendo que son fáciles de cumplir...hay promesas cuyo cumplimiento se espera y nunca llega, hay algunas que se dan intrínsecamente, como aquellas que surgen en una despedida, esas promesas que sin llegar a serlo terminan cumpliéndose .
Verano de 1982, una conocida playa en Uruguay fue un punto de partida para un camino de 25 años y contando, dos muchachos argentinos vivían de la música, lo que les gustaba hacer, su look los hizo reconocerse a la distancia, la chaqueta jean a la cintura, las zapatillas de tela, esas de la estrellita azul que hasta hoy se usan, el pantalón pegado, casi pintado y demasiado corto para cubrirles los tobillos, Gustavo Cerati y Héctor Bosio se miran a los ojos y estrechan las manos, el argentinísimo beso en la mejilla y la charla musical de cajón para dos tipos así, el primer coito para el monstruo que mas tarde engendrarían.
Ambos muchachos universitarios, amantes del punk inglés y la vida bohemia, la base dos de sus edades les hace pensar en grande, pero soñar como chicos, es que la combinación de ambos rasgos suele hacer que ciertas cosas caminen.
Empiezan la charla con el "Ghost in the machine", álbum de The Police, lanzado por aquellos meses, cuyo sonido los había cautivado cuando el trío inglés se presentó en Argentina, eso sumado a su carácter contestatario, la calentura de su edad y el eco de los cañones de la guerra de Las Malvinas alimentaban el espíritu punkrock del que ambos eran víctimas posesas.
El sueño en común de la banda propia se había puesto al descubierto en aquel verano, postergado por el retorno a Buenos Aires y el trabajo de ambos en otras bandas, este sueño recobró fuerza cuando Gustavo contestó una llamada que era para su hermana, aquel tipo insoportable, según Maria Laura Cerati, llamado Carlos Ficcichia, se hacia llamar Charly, llegó casi sin querer a componer el triunvirato de mayor influencia de la música en español.
Diciembre del mismo 1982, la banda insipiente que había evolucionado y experimentado con nombres distintos, Estereotipos fue el primero de ellos, pero el sabor burbujeante de su sonido les tenia guardada aquella marca registrada de la cual nunca podrán deshacerse : SODA STEREO. Soda propiamente dicha se presenta por primera vez en casa de un amigo de la banda.
En 1983 tocan en un evento de modas bonaerense, según Gustavo Cerati fue el único show pagado en el que el organizador que los contrató salió perdiendo dinero, modestia ausente que nunca les hará falta pero que a veces se termina desbordando.
Tanta prolijidad alcanzaron en base a su gran cantidad de talento y oportunidades de tocar que ya en 1983 tenían canciones conocidas que hasta hoy se cantan, "¿Por qué no puedo ser del jet set?”, "Dietético" ,"Te hacen falta vitaminas" .Como marcados por un destino, cual personajes de ficción que revolotean en una trama seguros de lo que les espera , dieron rienda suelta a la innovación, sin tapujos y al año siguiente ya habían completado su primer disco .
A Soda Stereo, su disco debut, le sucedió Nada Personal, que incluyó himnos como “Cuando pase el temblor”, atravesaron la mitad de la década tocando en grandes festivales en su país y coqueteando con la internacionalización.
El resto creo que ya es historia conocida, Chile y Perú abren sus oídos y sus puertas en 1986, Soda llegaba para nunca mas irse , a nuestro país regresarían en el 87. Pasan los años y se apoderan de Latinoamérica en virtud de su alargada prole que se nutre con exquisitas obras como “De música ligera”, “Signos”.
Álbumes en vivo y experimentos para estar acorde con las corrientes musicales de aquellas épocas cuyo umbral atravesaban de modo casi prepotente, pero a la vez elegante, Sueño Stereo de 1995 es el botón de muestra de estos acertados intentos, en esta especial ocasión con un sonido alternativo, y con canciones como “Ella usó mi cabeza como un revolver” y “Zoom”.
Soda se despedía en 1997, con una gira que ni siquiera nos miró de reojo, el Perú es un país con tamiz especial para Soda, pero motivos económicos imposibilitaron que mostraran sus respetos al publico de nuestra patria, pero como vemos hoy esa no fue una despedida, fue un hasta pronto sobrevaluado, una partida momentánea a un limbo que finalmente los devolvió a la tierra.
El desgaste normal en las relaciones humanas los separó por diez años, pero es esa misma complejidad la que les pide retomar el camino, recaer en el vicio sonoro, reciclarse en un romance posesivo que jamás los deja alejarse en demasía como para pensarlos ausentes, por que soda nunca se fue, ni Gustavo Cerati, ni Charly Alberty, ni Zeta Bosio llegaron a superarse a sí mismos en la separación y en las nuevas emociones que sus proyectos personales le proveían.
Es un peso que cargaron hasta junio de este año cuando deciden volver al redoble de sus corazones bañados en la adrenalina propia de los primeros acordes de cuerdas que cautivan y generan la riqueza mas grande que cualquier artista puede tener, a su vez la menos materialista, el aplauso.

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