yo no soy este que uds ven, solo es mi cuerpo, yo estoy atrapado dentroTal vez entre el vaivén de los microbuses, o en medio del caminar de otra gente sea difícil distinguirlos, o tal vez no queramos hacerlo, pues algunos se caracterizan por su andar pausado que más nos sabe a duda que a dificultad. Pero si, es dificultad y mucha, acompañada de cantidad proporcional de decisión, cero dudas, para ser un hombre, mujer o niño desvalidos y no sucumbir al complejo y el desecho de nuestra humanidad cada vez menos humana hay que tener mucha decisión, mucho coraje.
Las modernas estampidas de gente y automóviles bramantes arrojando smock, hacen que nuestro ritmo de vida nos dé menos tiempo para cosas básicas, y son algunas de estas cosas básicas las que muchos peruanos con ausencia de alguna función motora extrañan, practicar algún deporte, jugar con sus niños, cargar por si solos la bolsa del mercado, subir escaleras, si nos ponemos a enumerar llenare todo el espacio que me fue atribuido para esta edición.
No es posible que una ley como la 24759 sea letra muerta, y si no lo fuera, una simple ley no va a cambiar la manera de pensar tan “minusválida” (porque nos merecemos esa palabra y no ellos) que tenemos los peruanos, y el trato que a veces solemos darle a personas sin alguna facultad físico motora, es increible que una persona con muletas nos cuente casi entre sollozos que los vehículos de trasporte público no paran debido al tiempo que pierden al subir e instalarse en estos microbuses.
¿No recuerdan acaso que la gran mayoría de medallas de oro en deportes nos la trae el gran Jimmy Euler en la natación de los juegos paraolímpicos?, ellos pueden ser tan grandes como cualquiera, y más grandes de lo que siquiera soñamos ser, ¿cuántos Euler hay en el Perú?, que cada día que viven es una anónima hazaña que muchos nos atrevemos a no valorar, ¿porque razón una dificultad así nos tiene que tocar directamente para saber de qué se trata todo esto?, ¿cómo se le llama a esa falta de capacidad de ponernos en los zapatos del otro para respetar su esfuerzo? y la pregunta principal, ¿se puede rehabilitar de esa incapacidad?
Si usted leyó esta columna mi deseo no es causar un impacto debido al correcto uso de las palabras, quien sabe si fue así, me bastaron mis dos manos para sentarme en un teclado y escribir, y a eso le llamo trabajo, miro a las personas sin un miembro salir adelante y me avergüenzo, esto no es un trabajo, es un premio, y premio es el que merecen cada una de las personas que lejos de ignorar sus carencias las utilizan para ser más fuertes, ojala algún día todos los peruanos seamos capaces de hacerlo, tal vez así seamos un mejor país.
