

Por Luis Fernando Guerrero
Hay un pueblo en Chiclayo donde nunca hace frío, donde la sensación térmica no depende del astro que nos ilumina y hasta a veces nos hornea...un pequeño lugar con historia grande, una sociedad milenaria que supo aguantar el embate del tiempo, donde las paredes de mi raza no fueron de adobe, porque ni la lluvia ni el viento del norte la doblegó.
Fueron una decena de casitas, aun le digo pueblo y no por falta de grandezas, desde 1888 es mucho más que eso, bueno siempre fue mas que un pueblo, Monsefú es una costumbre, un conjunto de cánticos cuya reverberancia se hace mas fuerte con el paso inexorable del tiempo que lejos de deteriorarlo le dan mas valor, Monsefú no envejece, Monsefú añeja.
No todos las urbes hablan por sí solas, pero de que las hay lo sé, esta moderna ventana al pasado no solo habla, a veces recita, y es justo de una de sus principales manifestaciones de las que voy a contarles, una convergencia de todo lo bueno que nos muestra durante el año, en una quincena que termina siendo insuficiente ante tanta delicia.
Feria de Exposiciones Típico Culturales de Monsefú o FEXTICUM, una fiesta que cada mes de Julio (del 19 al 31), magnetiza las miradas de todos pobladores del departamento de Lambayeque, los atrae cual canto de sirenas y presenta sus mejores galas. Artesanía en arcilla, platería, dulces, y lo más tradicional de nuestra culinaria norteña, de la que Monsefú prácticamente goza del grado de meca, merito de los restaurantes que esperan su visita todos los días del año y cuya calidad ya es reconocida.
Pero no solo es eso, esta fiesta también nos presenta cultura, exposiciones fotográficas, expresiones costumbristas, religiosas y patrióticas, teniendo en cuenta el mes patrio que no se deja de lado y que junto con el Fexticum comparten importancia en Monsefú desde hace 35 años cuando esta fiesta quedó oficialmente instaurada.
Caminar por el campo ferial es una tentación latente, mirar los dulces de manjar, envasados en potecitos de madera, los dátiles en aquel exquisito caramelo blanco, las tejas, ser llevado a rastras por el olor de las frituras hacia los puestos de comida donde también esta como siempre el ceviche, de vez en cuando barajar la posibilidad de instalarse en los locales cerveceros para esperar alguna de las presentaciones de los artistas que alegran las noches monsefuanas, en fin, tal vez por eso solo sea una vez al año.
Pero los motivos para visitar Monsefú no se dan solo una vez al año, ubicado a 15 km al sur este de Chiclayo, este es uno de esos lugares en los que caminas tan libre, tan tranquilo y tan contagiado de la alegría lambayecana que terminas adoptándolo, o mejor dicho auto proclamándote huésped ilustre. Codearte con la cada vez mayor cantidad de turistas que se enamoran de sus calles es darte cuenta de que no es necesario ser vecino de un gran hallazgo arqueológico para sentirte orgulloso de lo que te rodea, tampoco el estar lejos me hace sentir menos henchido de grandeza, ni dejar de extrañar todo lo que el norte me da.
No todos las urbes hablan por sí solas, pero de que las hay lo sé, esta moderna ventana al pasado no solo habla, a veces recita, y es justo de una de sus principales manifestaciones de las que voy a contarles, una convergencia de todo lo bueno que nos muestra durante el año, en una quincena que termina siendo insuficiente ante tanta delicia.
Feria de Exposiciones Típico Culturales de Monsefú o FEXTICUM, una fiesta que cada mes de Julio (del 19 al 31), magnetiza las miradas de todos pobladores del departamento de Lambayeque, los atrae cual canto de sirenas y presenta sus mejores galas. Artesanía en arcilla, platería, dulces, y lo más tradicional de nuestra culinaria norteña, de la que Monsefú prácticamente goza del grado de meca, merito de los restaurantes que esperan su visita todos los días del año y cuya calidad ya es reconocida.
Pero no solo es eso, esta fiesta también nos presenta cultura, exposiciones fotográficas, expresiones costumbristas, religiosas y patrióticas, teniendo en cuenta el mes patrio que no se deja de lado y que junto con el Fexticum comparten importancia en Monsefú desde hace 35 años cuando esta fiesta quedó oficialmente instaurada.
Caminar por el campo ferial es una tentación latente, mirar los dulces de manjar, envasados en potecitos de madera, los dátiles en aquel exquisito caramelo blanco, las tejas, ser llevado a rastras por el olor de las frituras hacia los puestos de comida donde también esta como siempre el ceviche, de vez en cuando barajar la posibilidad de instalarse en los locales cerveceros para esperar alguna de las presentaciones de los artistas que alegran las noches monsefuanas, en fin, tal vez por eso solo sea una vez al año.
Pero los motivos para visitar Monsefú no se dan solo una vez al año, ubicado a 15 km al sur este de Chiclayo, este es uno de esos lugares en los que caminas tan libre, tan tranquilo y tan contagiado de la alegría lambayecana que terminas adoptándolo, o mejor dicho auto proclamándote huésped ilustre. Codearte con la cada vez mayor cantidad de turistas que se enamoran de sus calles es darte cuenta de que no es necesario ser vecino de un gran hallazgo arqueológico para sentirte orgulloso de lo que te rodea, tampoco el estar lejos me hace sentir menos henchido de grandeza, ni dejar de extrañar todo lo que el norte me da.

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